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domingo, 6 de abril de 2014

El lobo de los tres cerditos

"El lobo de los tres cerditos" y "Los tres cerditos y el lobo" es un libro de Violeta Monreal y Fernando Lalana de la editorial Bruño.


Es un libro doble donde puedes leer un cuento «del derecho» y otro cuento «del revés».



EL LOBO DE LOS TRES CERDITOS


Este es el principio del cuento de los tres cerditos y el lobo. Os vamos a contar lo que pasó de verdad cuando los cerditos y el lobo eran pequeños.

Erase una vez tres cerditos  y un lobo llamado Ferocín. La familia Lobo y la familia Cerda fueron a la misma playa a pasar las vacaciones.
Cuando los tres cerditos jugaban a hacer castillos de arena en la orilla del mar, Ferocin apareció y les preguntó si podía jugar. Pero los cerditos se rieron de él y dijeron que no. Hicieron que Ferocín se enfadara porque decían que tenía los dientes grandes y amarillos, y las patas llenas de pelos largos y negros. Él insistió que los lobos son así y no podía evitarlo. Pero los cerditos como eran tan traviesos no le dejaron jugar y se volvieron a reir. Ferocín se enfadó muchísimo y les dijo que si hacía un castillo lo aplastaría.


Los cerditos se chivaron a su madre, y su madre habló con el padre del lobito. Al final le riñeron a Ferocín que no tenía culpa de que los tres cerditos fueran tan malos. Su padre le prohibió a Ferocín que tocara los castillos de los cerditos.

Cuando Ferocín llegó a la playa tuvo una idea. Como no podía tocar los castillos de los cerditos por orden de su padre, los derribaría soplando. Sopló y sopló, y sólo destruyó el castillo del cerdito pequeño que era de arena blanca y seca, porque el castillo del cerdito mediano que era de arena húmeda era mucho más difícil de derribar.

Así durante dos semanas Ferocín estuvo entrenándose para soplar más fuerte, hinchó muchísimos globos. Y de nuevo fue a la playa. Ferocín soplo y sopló y un castillo derribo. Pero el castillo del cerdito mayor fue imposible de derribar porque había usado cemento con la arena mojada.


Ferocín volvió a entrenarse, e hinchó muchísimos globos. Ahora su soplido sería más potente, y podría derribar todos los castillos.

El último día de vacaciones, Ferocín fue a la playa sopló y sopló más que nunca, pero no pudo derribar el castillo de arena y cemento. Los cerditos se rieron muchísimo de él.

El pobre Ferocín, que siempre había sido un lobito muy bueno y que quiso ser amigo de los cerditos desde el principio, nunca volvió a tener amistad con ellos. Y a partir de entonces, siempre intentó destruir sus casas a soplidos.

FIN

Nos ha gustado mucho este libro, sobre todo es para los niños que están aprendiendo a leer porque lleva pictogramas. Os lo recomendamos porque es muy original y divertido.

Miguel Amorós y su madre María Dolores.
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